Hay un Reino.

Como un pájaro
que le canta al sol
en un amanecer muy oscuro,
así es mi fe en vos,
así es mi fe.
Ni toda la oscuridad del mundo
puede tragarse
a una pequeña chispa,
así es mi amor por vos,
así es mi amor.

Hay un Reino,
hay un Rey,
y vive por fuera
y vive por dentro.

El cielo estrellado sobre mi cabeza,
las leyes humanas en mi interior,
así se figura el mundo,
así se figura el mundo.
Este día tan dulce
no se repetirá jamás,
así aparece el mundo
entre esta niebla de lagrimas.

Hay un Reino,
hay un Rey
y vive por fuera
y vive por dentro
y lo es todo.

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Limonero

El barquero llama desde el lago,
un somorgujo solitario se zambulle en el agua,
pongo mi mano sobre la de ella
bajo el limonero.
El viento en los arboles susurra
en voz baja que la amo.
Ella pone su mano sobre la mía
bajo el limonero.

En cada suspiro que exhalo,
y en todos lados,
está su mano protectora
y por eso la amo.

Siempre habrá sufrimiento,
fluye por la vida como el agua.
Ella pone su mano sobre la mía
bajo el limonero.

En cada palabra que pronuncio
y en todo lo que sé,
está su mano protectora
y por eso la amo.

A mis brazos.

No creo en un dios intervencionista,
pero querida, sé que tu sí lo haces;
y si creyera me pondría de rodillas para pedirle
que no intervenga en lo que esté relacionado a ti.
Que no toque un pelo de tu cabeza,
que te deje ser como eres
que si siente que debe dirigirte
te dirija a mis brazos.

Y no creo en los ángeles,
-aunque mirándote me pregunto si será verdad-
pero si creyera los convocaría a todos
y les pediría que te vigilen.
Que cada uno prenda una vela por ti,
para que tu camino sea brillante y claro
y puedas caminar, como Cristo, en la gracia y el amor
y te guíen a mis brazos.

Pero creo en el Amor,
y se que tu también.
Y creo en una especie de camino
que podemos andar vos y yo.
Entonces mantén tus velas encendidas
y que su viaje sea brillante y puro,
que ella seguirá regresando
por siempre y para siempre
a mis brazos.