¿Me amas? (Segunda parte)

Hacia adelante, hacia adelante y hacia adelante seguí
hacia donde ningún hombre antes se atrevió a ir
Hasta que las suelas de los zapatos se me gastaron y agujerearon,
seguí cuesta abajo como una bala.
Todo este vagar y deambular encontró su rumbo,
estoy pastando con los dinosaurios y los viejos caballos,
la ciudad cruje y un gran pozo
me fuerza a descender
con mi escenario y mi púlpito.
El cielo raso del teatro
brilla de estrellas plateadas
y las monedas en mi bolsillo suenan “ding dong”
(¿Me amas?)

En el teatro hay un hombre
con ojos de niña
que está rescatando a mi infancia.
En la pantalla hay una muerte,
hay un crujir del telón,
y una voz enfermiza que dice que soy bello.
En el teatro hay un hombre
con astutos ojos de niña.
En la pantalla hay un simio, un gorila;
hay un gemido
hay una tos
hay un crujir del telón,
y una voz que apesta a muerte y vainilla.
Es un secreto maltratado y mutilado
y las monedas en mi bolsillo suenan “ding dong”
(¿Me amas?)

El cielo raso está pintado con sangre,
las luces se apagan, el telón rojo se abre.
La habitación está llena de humo y voces
lo sé de corazón
y las monedas de mi bolsillo suenan “ding dong”.
Mientras la pantalla cruje y salta,
el reloj de mi infancia se frena
y mi bello cuerpo toma una pose extraña
con los pantalones hasta los tobillos.
Entonces sigo hacia adelante y me elevo
y escapo para encontrar el amor.
¿Me amas? Si es así, lo agradezco.
(¿Me amas?)

La ciudad es un ogro en cuclillas junto al río,
me dio la vida pero se llevó mi juventud.
Llega un momento en que no te puedes librar,
es un hecho,
es una verdad fría como la roca.
“¿Me amas?”
“Te amo, bella.”
“¿Me amas?”
“Si, te amo, eres bella.”
Entre los dientes y los alambres,
el aliento a vainilla de mi juventud
y apuestos simios con ojos de niña,
sueños que vagan entre lo cierto y lo incierto,
recuerdos que se convirtieron en monstruosas mentiras.

Hacia adelante, hacia adelante y hacia adelante seguí.
Hacia adelante y hacia el cielo y escapando a buscar el amor,
con pulseras azules y negras en mis muñecas y tobillos
y las monedas de mi bolsillo sonando “ding dong”
(¿Me amas?)

Enterrarme.

Van a enterrarme,
van a hundirme en la nieve,
van a girar la cabeza y regodearse
cuando yo haya muerto.

Saltarán y gritarán,
agitarán sus brazos,
todas las historias saldrán a la luz
cuando me haya ido.

Las estrellas serán mas brillantes
y mis amigos se darán por vencidos,
verán mi trabajo con otros ojos
cuando me hay ido.

Intentarán telefonear a mi madre,
pero darán con mi hermano
que soltará la historia de alguna amante del pasado
que seguro desconozco.

Sáquense el sombrero
ante el hombre que está en la cima del mundo,
ven, arrástrate hasta aquí, nena,
y te mostraré cómo funciona…
si quieres ser mi amiga
y quieres arrepentirte,
si quieres que todo termine
y quieres saber cuándo,
entonces haz una reverencia,
hazlo ahora, de cualquier manera,
decídete, toma mi mano
y manda todo al infierno…

Le avisarán al jefe de policía,
que suspirará aliviado
y dirá que fui un impostor,
un mal llevado y un ladrón,
cuando me hay ido.

Entrevistarán a mis profesores,
que dirán que era una criatura lamentable de Dios,
harán un informe de seis páginas
cuando me haya ido.

Harán sonar un antiguo gong,
y harán una caravana de diez kilómetros,
el mundo se unirá para cantar una canción de despedida
cuando me pongan bajo tierra.

Harán sonar una trompeta,
el mar rugirá y el cielo será tempestuoso,
todos los hombres y las bestias se lamentaran
cuando me haya ido.

Sáquense el sombrero
ante el hombre que está en la cima del mundo,
ven, arrástrate hasta aquí, querida,
y miremos esta maldita cosa girar…
si quieres ser mi amiga
y quieres arrepentirte,
si quieres que todo termine
y quieres saber cuándo,
entonces haz una reverencia,
hazlo ahora, de cualquier manera,
decídete, toma mi mano
y manda todo al infierno.

Ya no volverá a llover

Una vez llegó una tormenta  con aspecto de mujer
que hizo volar en pedazos mi pequeño y reconfortante mundo.
Aveces, juro que aún puedo oír sus aullidos,
entre los escombros y las ruinas.

Y ya no volverá a llover,
ahora que mi mujer se ha ido.

La tormenta pasó sobre mí
y quedé a la deriva en un mar en calma,
viéndola eternamente por las grietas de las vigas,
clavada en los portales de las habitaciones de mis sueños.

Ahora no tengo a quién sostener,
vuelvo a estar completamente solo.
No hace demasiado calor ni demasiado frío,
y no hay señales de lluvia.

Y ya no volverá a llover
ahora que mi mujer se ha ido.

No regresará,
no regresará,
di lo que quieras, no me importa.

Perro Sediento

Se que ya escuchaste todo esto,
pero me disculpo por esta guerra de tres años,
por los campos, alambrados y trincheras.
Me disculpo por la otra noche,
y se que una disculpa no hace la diferencia,
me disculpo por cosas que no puedo ni mencionar.

Lo siento, lo siento, lo siento,
me siento arrepentido, en el “Perro Sediento”.

Sigues clavándome en mi caja,
me disculpo por seguir saliendo de ella,
con mi boca loca y mi sombrero de bufón.
Me disculpo por haber escrito ese libro,
me disculpo por mi aspecto,
pero no hay mucho que pueda hacer al respecto.

Me disculpo por lo del hospital,
algunas cosas son imperdonables
y otras simplemente no tienen perdón.
No estaba preparado para hacerme cargo
y en las ocasiones que subí a tomar aire
vi mi vida y me pregunté
qué demonios había estado viviendo.

Me disculpo por lo de tus amigos,
espero que vuelvan a hablarme,
ya dije que pagaré todos los daños.
Me disculpo por mi suerte podrida,
y por haberme olvidado cómo se coje,
es solo que mi corazón y mi espíritu
están algo famélicos.

Perdóname querida, pero no te preocupes,
el amor está siempre pidiéndote disculpas,
y lo lamento de pies a cabeza.
Lamento estar siempre molesto,
lamento existir,
y por tu forma de mirar
veo que tu también lo lamentas.

Lo siento, lo siento, lo siento,
me siento arrepentido, en el “Perro Sediento”.

Deja entrar al Amor

Desesperación y Decepción- las gemelas feas del Amor-
llamaron a mi puerta. Las dejé entrar.
Querida, eres el castigo para todos mis pecados del pasado…
Dejo al amor entrar.

La puerta se abrió solo un poco, pero el Amor fue astuto y audaz;
mi vida pasó como un flash frente a mis ojos, fue un espectáculo horroroso;
condenado de por vida a barrer el confeti del suelo de un pozo (¿?)…
Dejo al amor entrar.

Me han atado y amordazado y aterrorizado,
y me han castrado y lobotomizado,
pero mi torturador nunca vino en un disfraz tan astuto…
Dejo al amor entrar.

Oh Señor, dime qué he hecho,
por favor no me dejes aquí sólo,
¿dónde están mis amigos?
mis amigos se han ido.

Por lo tanto, si estás sentado solo y escuchas que llaman a tu puerta,
y que el aire se llena de promesas, bueno amigo, ya has sido advertido:
Es mucho peor ser el amante del Amor que el amante que el amor ha despreciado…
Dejo entrar al amor.

Mano diestra roja.

Date un paseo por las afueras del pueblo,
pasando las vías,
donde comienza el viaducto
como un pájaro condenado
que avanza y se quiebra,
donde los secretos yacen en incendios forestales,
en cables que zumban…
Hey hombre, sabes que no hay vuelta atrás,
pasa la plaza, el puente,
pasa los molinos, las chimeneas.
Con la tormenta llega
un hombre alto y apuesto,
con un polvoriento abrigo negro
y una mano diestra roja.

Te envolverá con sus brazos,
te dirá que fuiste un buen chico.
Reavivara todos los sueños
que te tomó una vida destruir.
Entrará profundo en el agujero,
curará tu encogido espíritu…
hey amigo, sabes que
nunca, nunca, hallarás vuelta atrás.
Es un fantasma, es un dios,
es un hombre, es un gurú.
Susurran su nombre
en esta tierra perdida,
pero escondida en su abrigo
lleva una mano diestra roja.

¿Te falta dinero?
Él te conseguirá.
¿Te hace falta un auto? Él te dará uno.
¿No tienes autoestima? ¿te sientes como un insecto?
No te preocupes amigo,
por que aquí viene,
pasando el ghetto y el barrio,
por la calle Bowery y los suburbios.
Una sombra se proyecta donde sea que esté,
y tiene un fajo de billetes
en su mano diestra roja.

Lo verás en tus pesadillas,
lo verás en tus sueños.
Aparecerá en cualquier lado
pero no es lo que parece.
Lo verás en tu cabeza, en la pantalla del televisor y
hey, amigo, te advierto que lo apagues…
es un fantasma, es un dios,
es un hombre, es un gurú.
Eres una parte microscópica
de su plan catastrófico
diseñado y dirigido por su mano diestra roja.

Jack, el estridente

Jack “el estridente”
iba Bla Bla Bla,
de visita en el hogar de los valientes
frena a un gordo taxi amarillo,
Jack quiere celebrar,
Jack quiere un gran trago,
el chófer lo deja en un bar
llamado La Posilga.
Jack empuja la puerta
y cruza la pista
le tira su sombrero a un hombre
que sonríe en una esquina
cantando “du da du, du da du”

Dice “soy Jack ‘el estridente’
quiero un ‘especial de la pocilga’
con un paragüitas flotando”
Jack se echa en su asiento
mira al hombre que sonríe
y le devuelve la sonrisa.
Jack alza su vaso y dice
“Dios bendiga a este país
y a todos en él;
los perdedores y los vencedores,
los buenos y los pecadores.”
El hombre que sonríe dice
“amigo, esto es una posilga”,
saca una pequeña pistola negra
y le mete un tiro a Jack.

Jack “el estridente” vuela de su asiento,
se quiebra contra la pista,
aterriza en una pila de basura en la calle.
Escucha la voz de su madre
cantando “du da du, du da du”,
Jack grita “mamá, ¿eres tú?”.
Jack mira la ciudad enloquecida,
ve a los muertos amontonarse en pilas,
ve a la multitud gritando,
grita “¿dónde demonios estoy?”
y canta “du da du, du da du”.

Jack “el estridente”
de hecho
se arrastra entre la multitud
de regreso al bar,
Jack se trepa a su asiento,
Jack se arrastra a su asiento
se cae sobre su culo
en un charco de sangre
diciendo “adiós mamá,
adiós, adiós”
Jack se dobla
y vomita y se muere
cantando “du da du, du da du”

Ya no es la mujer de nadie.

Investigué las santas escrituras
intentando revelar el misterio de Jesucristo, el Salvador.
Leí a los poetas y los psicoanalistas,
busqué en los libros que hablan sobre la conducta humana,
y le di la vuelta al mundo
buscando una respuesta que se negó a ser encontrada.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

La amé entonces y creo que aún la amo,
veo su cara cuando ando con cierto estado de ánimo,
vive en mi sangre y mi piel.
Su mirada salvaje, su pelo oscuro,
sus labios invernales, fríos como la piedra.
Si, fui su hombre,
pero hay ciertas cosas que ni el amor permite,
sostuve su mano pero ya no lo hago.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

Este es su vestido, el que mas amé,
con violetas azules acolchadas sobre su pecho.
Y aquellas son mis muchas cartas,
hechas añicos por sus manos de largos dedos,
yo fui su hombre de corazón cruel.
Y aunque he intentado acabar con su fantasma,
ella se mueve en mí, aún ahora.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

¿Me amas?

La encontré una noche de fuego y ruido,
campanadas salvajes en un cielo salvaje,
desde ese momento supe que
la amaría hasta el día de mi muerte.
Y lavé mil lagrimas con mis besos,
mi señora de los dolores,
algunos mendigados, algunos prestados, algunos robados,
algunos ahorrados para mañana.
En una noche sin fin, brillante de estrellas plateadas,
las campanas de la capilla sonaban “ding dong”
(¿Me amas?)

Me fue dada para enderezarme,
a su lado amontoné todos mis logros
y aun así me vi obsoleto y pequeño,
cuando encontré en su interior a Dios y a todos Sus demonios.
En mi cama ella expulsó las tempestades,
un sol falso brilló en su cabeza,
estaba tan llena de luz
que su sombra colgaba, deshilachada y loca.
Nuestro amor creció irremediablemente retorcido
y las campanas de la capilla sonaban “ding dong”
(¿me amas?)

Su corazón estaba lleno de amor y devoción
su mente estaba llena de tiranía y terror.
Intenté, realmente intenté
pero erré, nena, me equivoqué.
Entonces ven a buscarme, mi querida,
estoy en el fondo, en la mierda.
Oh la veo venir, bloqueando el sol,
con la sangre corriendo por su entrepierna.
La luna en el cielo está apaleada y mutilada
y las campanas de la capilla suenan “ding dong”
(¿me amas?)

Todo se mueve hacia su final,
aun antes de conocerla ya sabía que la perdería.
Juro que hice mi mayor esfuerzo para ser bueno con ella,
juro que hice mi mayor esfuerzo para no abusar de ella,
Las pulseras de sus pies y sus tobillos
y las campanas de la capilla sonaban “ding dong”
(¿me amas?)