Ya no es la mujer de nadie.

Investigué las santas escrituras
intentando revelar el misterio de Jesucristo, el Salvador.
Leí a los poetas y los psicoanalistas,
busqué en los libros que hablan sobre la conducta humana,
y le di la vuelta al mundo
buscando una respuesta que se negó a ser encontrada.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

La amé entonces y creo que aún la amo,
veo su cara cuando ando con cierto estado de ánimo,
vive en mi sangre y mi piel.
Su mirada salvaje, su pelo oscuro,
sus labios invernales, fríos como la piedra.
Si, fui su hombre,
pero hay ciertas cosas que ni el amor permite,
sostuve su mano pero ya no lo hago.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

Este es su vestido, el que mas amé,
con violetas azules acolchadas sobre su pecho.
Y aquellas son mis muchas cartas,
hechas añicos por sus manos de largos dedos,
yo fui su hombre de corazón cruel.
Y aunque he intentado acabar con su fantasma,
ella se mueve en mí, aún ahora.
No se por qué, no se cómo,
pero ella ya no es la mujer de nadie.

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