Hay un Reino.

Como un pájaro
que le canta al sol
en un amanecer muy oscuro,
así es mi fe en vos,
así es mi fe.
Ni toda la oscuridad del mundo
puede tragarse
a una pequeña chispa,
así es mi amor por vos,
así es mi amor.

Hay un Reino,
hay un Rey,
y vive por fuera
y vive por dentro.

El cielo estrellado sobre mi cabeza,
las leyes humanas en mi interior,
así se figura el mundo,
así se figura el mundo.
Este día tan dulce
no se repetirá jamás,
así aparece el mundo
entre esta niebla de lagrimas.

Hay un Reino,
hay un Rey
y vive por fuera
y vive por dentro
y lo es todo.

Nena, me enciendes.

Quédate conmigo, quédate conmigo,
eres la única, mi amor verdadero.

El canto del alcaudón
te pide tu consentimiento
con su forma brutal de anidar
y su salvajismo sin sentido.
Ahora te canta el ruiseñor
y sube la apuesta;
envuelvo tu corazón redondo y dulce con una mano
y meto la otra bajo tus bragas.

Todo cae, querida,
todo se degrada,
es una historia que se repite,
nena, me enciendes,
como un foco de luz,
como una canción.

Corres desnuda por el desierto,
atormentando a las aves y abejas,
saltas al abismo, pero descubres
que te llega a las rodillas.
Yo ando sigilosamente de un árbol a otro,
te espío por horas,
finjo ser un ciervo
pastando por horas.

Todo colapsa, querida,
toda moral se ha ido,
es una historia que se repite,
nena, me enciendes,
como una idea,
como una bomba atómica.

En un claro del bosque nos quedamos atónitos
sin emitir ni un sonido,
la nieve carmesí cae sobre todo,
alfombrando el piso.

Todo cae, querida,
se han perdido las razones y las rimas,
es una historia que se repite,
nena, me enciendes,
como una idea,
como una bomba atómica.
(boom. boom)

Mirando a Alice

Alice se despierta de mañana y bosteza
mientras camina por la habitación,
con el pelo cayendo sobre su pecho,
está desnuda y es Junio.
Parado en la ventana me pregunto
si sabrá que la puedo ver.
Mirando a Alice crecer año tras año
en su palacio, donde está cautiva.

El cuerpo de Alice está bronceado,
su cabello cuelga mientras se agacha para conquistarme.
Primero se pone las medias
y las campanas de la iglesia suenan,
Alice salta en su uniforme
y levanta el cierre del costado.
Mirando a Alice vestirse en su cuarto
es deprimente, es cruel.
Mirando a Alice vestirse en su cuarto
es deprimente, es real.

Limonero

El barquero llama desde el lago,
un somorgujo solitario se zambulle en el agua,
pongo mi mano sobre la de ella
bajo el limonero.
El viento en los arboles susurra
en voz baja que la amo.
Ella pone su mano sobre la mía
bajo el limonero.

En cada suspiro que exhalo,
y en todos lados,
está su mano protectora
y por eso la amo.

Siempre habrá sufrimiento,
fluye por la vida como el agua.
Ella pone su mano sobre la mía
bajo el limonero.

En cada palabra que pronuncio
y en todo lo que sé,
está su mano protectora
y por eso la amo.

A mis brazos.

No creo en un dios intervencionista,
pero querida, sé que tu sí lo haces;
y si creyera me pondría de rodillas para pedirle
que no intervenga en lo que esté relacionado a ti.
Que no toque un pelo de tu cabeza,
que te deje ser como eres
que si siente que debe dirigirte
te dirija a mis brazos.

Y no creo en los ángeles,
-aunque mirándote me pregunto si será verdad-
pero si creyera los convocaría a todos
y les pediría que te vigilen.
Que cada uno prenda una vela por ti,
para que tu camino sea brillante y claro
y puedas caminar, como Cristo, en la gracia y el amor
y te guíen a mis brazos.

Pero creo en el Amor,
y se que tu también.
Y creo en una especie de camino
que podemos andar vos y yo.
Entonces mantén tus velas encendidas
y que su viaje sea brillante y puro,
que ella seguirá regresando
por siempre y para siempre
a mis brazos.

¿Me amas? (Segunda parte)

Hacia adelante, hacia adelante y hacia adelante seguí
hacia donde ningún hombre antes se atrevió a ir
Hasta que las suelas de los zapatos se me gastaron y agujerearon,
seguí cuesta abajo como una bala.
Todo este vagar y deambular encontró su rumbo,
estoy pastando con los dinosaurios y los viejos caballos,
la ciudad cruje y un gran pozo
me fuerza a descender
con mi escenario y mi púlpito.
El cielo raso del teatro
brilla de estrellas plateadas
y las monedas en mi bolsillo suenan “ding dong”
(¿Me amas?)

En el teatro hay un hombre
con ojos de niña
que está rescatando a mi infancia.
En la pantalla hay una muerte,
hay un crujir del telón,
y una voz enfermiza que dice que soy bello.
En el teatro hay un hombre
con astutos ojos de niña.
En la pantalla hay un simio, un gorila;
hay un gemido
hay una tos
hay un crujir del telón,
y una voz que apesta a muerte y vainilla.
Es un secreto maltratado y mutilado
y las monedas en mi bolsillo suenan “ding dong”
(¿Me amas?)

El cielo raso está pintado con sangre,
las luces se apagan, el telón rojo se abre.
La habitación está llena de humo y voces
lo sé de corazón
y las monedas de mi bolsillo suenan “ding dong”.
Mientras la pantalla cruje y salta,
el reloj de mi infancia se frena
y mi bello cuerpo toma una pose extraña
con los pantalones hasta los tobillos.
Entonces sigo hacia adelante y me elevo
y escapo para encontrar el amor.
¿Me amas? Si es así, lo agradezco.
(¿Me amas?)

La ciudad es un ogro en cuclillas junto al río,
me dio la vida pero se llevó mi juventud.
Llega un momento en que no te puedes librar,
es un hecho,
es una verdad fría como la roca.
“¿Me amas?”
“Te amo, bella.”
“¿Me amas?”
“Si, te amo, eres bella.”
Entre los dientes y los alambres,
el aliento a vainilla de mi juventud
y apuestos simios con ojos de niña,
sueños que vagan entre lo cierto y lo incierto,
recuerdos que se convirtieron en monstruosas mentiras.

Hacia adelante, hacia adelante y hacia adelante seguí.
Hacia adelante y hacia el cielo y escapando a buscar el amor,
con pulseras azules y negras en mis muñecas y tobillos
y las monedas de mi bolsillo sonando “ding dong”
(¿Me amas?)

Enterrarme.

Van a enterrarme,
van a hundirme en la nieve,
van a girar la cabeza y regodearse
cuando yo haya muerto.

Saltarán y gritarán,
agitarán sus brazos,
todas las historias saldrán a la luz
cuando me haya ido.

Las estrellas serán mas brillantes
y mis amigos se darán por vencidos,
verán mi trabajo con otros ojos
cuando me hay ido.

Intentarán telefonear a mi madre,
pero darán con mi hermano
que soltará la historia de alguna amante del pasado
que seguro desconozco.

Sáquense el sombrero
ante el hombre que está en la cima del mundo,
ven, arrástrate hasta aquí, nena,
y te mostraré cómo funciona…
si quieres ser mi amiga
y quieres arrepentirte,
si quieres que todo termine
y quieres saber cuándo,
entonces haz una reverencia,
hazlo ahora, de cualquier manera,
decídete, toma mi mano
y manda todo al infierno…

Le avisarán al jefe de policía,
que suspirará aliviado
y dirá que fui un impostor,
un mal llevado y un ladrón,
cuando me hay ido.

Entrevistarán a mis profesores,
que dirán que era una criatura lamentable de Dios,
harán un informe de seis páginas
cuando me haya ido.

Harán sonar un antiguo gong,
y harán una caravana de diez kilómetros,
el mundo se unirá para cantar una canción de despedida
cuando me pongan bajo tierra.

Harán sonar una trompeta,
el mar rugirá y el cielo será tempestuoso,
todos los hombres y las bestias se lamentaran
cuando me haya ido.

Sáquense el sombrero
ante el hombre que está en la cima del mundo,
ven, arrástrate hasta aquí, querida,
y miremos esta maldita cosa girar…
si quieres ser mi amiga
y quieres arrepentirte,
si quieres que todo termine
y quieres saber cuándo,
entonces haz una reverencia,
hazlo ahora, de cualquier manera,
decídete, toma mi mano
y manda todo al infierno.

Ya no volverá a llover

Una vez llegó una tormenta  con aspecto de mujer
que hizo volar en pedazos mi pequeño y reconfortante mundo.
Aveces, juro que aún puedo oír sus aullidos,
entre los escombros y las ruinas.

Y ya no volverá a llover,
ahora que mi mujer se ha ido.

La tormenta pasó sobre mí
y quedé a la deriva en un mar en calma,
viéndola eternamente por las grietas de las vigas,
clavada en los portales de las habitaciones de mis sueños.

Ahora no tengo a quién sostener,
vuelvo a estar completamente solo.
No hace demasiado calor ni demasiado frío,
y no hay señales de lluvia.

Y ya no volverá a llover
ahora que mi mujer se ha ido.

No regresará,
no regresará,
di lo que quieras, no me importa.

La bondad de los extraños.

Encontraron a Mary Bellows esposada a la cama,
con un trapo en la boca y un balazo en la cabeza.
Oh pobre Mary Bellows.
Creció hambrienta, creció siendo pobre
y dejó su hogar en Arkansas.
Oh pobre Mary Bellows.
Quería ver el ancho mar azul,
y viajó a lo largo de Tenessee.
Oh pobre Mary Bellows.
En el camino conoció a un hombre
que se presentó como Richard Slade.
Oh pobre Mary Bellows.
Pobre Mary, pensó que moriría,
cuando vio el océano por primera vez.
Oh pobre Mary Bellows.
Se registró en un pequeño hotel,
Richard Slade cargaba su vieja maleta.
Oh pobre Mary Bellows.
Ella le dijo “soy una buena chica señor,
no podría dejarle entrar  a la habitación”
Oh pobre Mary Bellows.
Slade se inclinó el sombrero y guiñó un ojo
y se fue sin despedirse.
Oh pobre Mary Bellows.
Se sentó en la cama y pensó en su hogar,
con la briza del mar, en soledad.
Oh pobre Mary Bellows.
Esperanzada y solitaria cruzó la habitación
y le quitó el pestillo a la puerta.
Oh pobre Mary Bellows.
La encontraron al otro día esposada a la cama,
con un trapo en la boca y un balazo en la cabeza.
Oh pobre Mary Bellows.
Madres, que sus hijas se queden en casa,
no las dejen viajar por su cuenta,
díganles que el mundo está lleno de peligros,
y que eviten la compañía de  extraños.
Oh pobre Mary Bellows.